Ahora mismo · tu hora local
Un día tiene 1.440 minutos y casi todos se olvidan. Algunos no: el minuto en que nació tu hija, el del «sí, quiero», la última llamada de tu abuelo, el gol que abrazaste con tu padre. Guárdalo con su fecha y su hora, una foto y unas palabras. Cada día, a esa hora, este reloj lo recordará a quien esté mirando. Y cada aniversario, te lo recordará a ti.
Escribe cuándo naciste y míralos pasar. La hora es opcional, pero con ella el número es exacto.
Los días que brillan ya tienen recuerdos. Pulsa un día para verlos o para guardar el tuyo.
Una fecha, entre 1900 y 2100, y una hora. Mira si sigue libre y quédatelo antes que nadie.
Los que todo el mundo reconoce. Cuestan 9,99 € y solo hay uno de cada.
Tu minuto, con su nombre, su foto y sus palabras, guardado en el reloj de todos: sale cada día a su hora, vive en el muro y en el calendario de aniversarios, tiene su certificado para enmarcar y su enlace propio para compartir. Y es único: una vez es tuyo, nadie más puede guardarlo.
Cada minuto de cada día se guarda una sola vez, por orden de llegada. Entre 1900 y 2100 hay más de cien millones: sitio para todos, pero el tuyo solo es tuyo.
La hora local del lugar donde ocurrió, como en una partida de nacimiento. El reloj la recuerda cada día a esa misma hora, en la hora local de quien esté mirando.
La foto se muestra en el reloj, en el muro, en tu ficha y en el certificado. La carta queda sellada hasta la fecha que elijas y ese día se abre para quien visite tu minuto. Puedes cambiar la foto cuando quieras desde el enlace de tu correo.
Sí. Pon el nombre de la otra persona, su foto y una dedicatoria. El certificado se genera al momento y se lo puedes mandar por WhatsApp o reenviarle el correo.
Escríbenos desde el correo con el que pagaste y lo corregimos. Tu minuto se entrega en el mismo instante en que lo guardas, así que no hay devolución, pero sí arreglo: nombre, frase o foto se cambian sin problema.
Para siempre. Tu minuto queda guardado en el reloj y en tu certificado, y cada aniversario te escribimos para que vuelvas a verlo. Dentro de veinte años, tu hora seguirá siendo tuya.